Brote de IAAP H5N1 en granjas lecheras de California: impacto clínico y experiencia de los productores

Alexandre Rico1, Rubia Branco Lopes2, Alfonso Lago3, Daniela Bruno4, Noelia Silva del Río1

(1)-Veterinary Medicine Teaching and Research Center, School of Veterinary Medicine, University of California Davis, Tulare, CA, United States, Department of Population Health and Reproduction, School of Veterinary Medicine, University of California Davis, CA, United States (2)-University of California Agriculture and Natural Resources, Cooperative Extension, Tulare, CA, United States (3)-DairyExperts Inc.; 17721 Rd 112, Tulare, CA 93274
(4)-University of California Agricultural and Natural Resources, Cooperative Extension, Fresno, CA, United States

El
objetivo de este estudio fue describir la dinámica del brote, el impacto
clínico y las respuestas de manejo frente al brote de Influenza Aviar Altamente
Patógena (IAAP) H5N1 en granjas lecheras de California. Para ello, se
distribuyó una encuesta en versión web (Qualtrics, UT), accesible mediante
código QR, y una versión en papel por correo postal. Se recibieron un total de
54 respuestas, de las cuales 51 granjas reportaron haber resultado positivas a
IAAP H5N1 tras la realización de PCR en muestras procedentes del tanque de
leche entre septiembre de 2024 y octubre de 2025. Los rebaños encuestados eran
predominantemente Holstein (70,4% exclusivamente y 18,5% combinados con Jersey
y/o cruces), con un tamaño medio de 2.800 vacas (rango: 480–11.000). Todas las
granjas estaban ubicadas en el Valle de San Joaquín, en el centro de California
(Estados Unidos).

Entre los
rebaños que confirmaron infección (n = 51), la duración entre el primer y el
último caso clínico osciló entre 0 y 13 semanas, siendo más frecuente una
duración de 1 a 4 semanas (72,6%). El período total durante el cual el tanque
de leche permaneció positivo varió entre 4 y 32 semanas, predominando un
intervalo de 8 a 12 semanas (48,8%). Todos los encuestados informaron signos
clínicos en vacas en lactación (100%). Los signos más frecuentemente reportados
fueron reducción de la ingesta (100%), disminución de la producción de leche
(100%), fiebre (94,0%), secreción nasal (92,0%), deshidratación (88,0%), apatía
(88,0%), leche anormal (88,0%), aumento del recuento de células somáticas (RCS)
(88,0%), abortos (88,0%), baja fertilidad (82,0%) y disnea (76,0%). Además, el
74,0% de los encuestados informó observar signos clínicos en vacas secas,
siendo los más comunes los abortos (94,6%), reducción de la ingesta (91,9%),
secreción nasal (78,4%) y fiebre (75,7%). También se informaron signos clínicos
en recría por el 21,6% de los encuestados, observándose principalmente en
novillas gestantes (50,0%).

Las
estrategias de tratamiento estuvieron guiadas principalmente por veterinarios
(86,0%), nutricionistas (54,0%) y otros ganaderos (54,0%). La mayoría de los
rebaños (73,7%) informó tratar a todas las vacas con signos clínicos, mientras
que el 24,5% trató solo los casos graves y el 2,1% no trató a las vacas
afectadas. En consecuencia, la proporción de vacas tratadas por rebaño osciló
entre el 10% y el 100%, siendo el rango más frecuente entre el 20% y el 50%
(45,7%). En promedio, cada vaca fue tratada durante 2–3 días (73,1%). Los
tratamientos incluyeron la administración de vitaminas (86,0%), medicamentos
antipiréticos (84,0%) y probióticos (74,0%). El 28% de los rebaños encuestados reportaron uso
de antibióticos. Algunos rebaños también administraron
electrolitos por vía oral (62,0%), con volúmenes de 19–23 litros por vaca
(75,0%), aunque se reportaron importantes dificultades, como tiempos
prolongados de inmovilización de las vacas (61,3%) y escasez de mano de obra
(58,1%).

Las consecuencias a largo plazo, tras remitir el
brote clínico, fueron frecuentes (88,0%)
,
siendo las más comunes la reducción de la producción de leche (86,8%) y los
abortos (73,7%). En cuanto a los indicadores productivos, las
eliminaciones/bajas (n = 19) fueron 2,0 veces mayores (DE = 1,3) un mes después
del brote en comparación con el mes previo. La producción de leche (n = 19)
disminuyó un 18,0% (DE = 9,0%) en el mes siguiente, y el RCS (n = 17) fue 1,8
veces mayor (DE = 0,8). Estos indicadores retornaron a niveles previos al brote
tras 3–4 meses. El rendimiento reproductivo también se vio afectado: la tasa de
concepción (n = 23) disminuyó un 18,9%, recuperándose tras 3–4 meses y
mostrando un ligero repunte respecto a los niveles previos al brote. En contraste,
los abortos (n = 19) aumentaron 2,3 veces (DE = 1,6) y 2,6 veces (DE = 2,8)
durante los meses 1 y 2 posteriores al brote, respectivamente, y permanecieron
elevados cuatro meses después del brote (1,5 veces más; DE = 2,1).

Como
preparación para futuros brotes, los ganaderos recomendaron estar preparados
para tratar a un gran número de vacas (76,0%), mantener la calma y una actitud
positiva (70,0%), formar a los empleados en la administración oral de
tratamientos (66,0%), tratar tanto los casos leves como los graves (64,0%) y
mantener buenos registros de tratamiento (62,0%). La bioseguridad fue otro tema
clave tras el brote, ya que el 87,8% de los encuestados informó que las medidas
estándar de bioseguridad del sector no ayudaron a reducir la propagación del
virus.

El
conocimiento de las recomendaciones de vacunación del Centro para el Control y
la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) para trabajadores de
granjas lecheras fue limitado, y el interés en clínicas de vacunación en la
propia granja fue bajo (n = 36). Más de la mitad de los encuestados (52,7%) no
estaba familiarizada con las recomendaciones del CDC, y el 47,1% no mostró
interés en colaborar con los programas de vacunación.

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