Evaluación a campo de estrategias vacunales frente a la queratoconjuntivitis infecciosa bovina en Uruguay
Sebastián Rossi Hernández1, Valentina Skuras1, Eliana Rodriguez1, José Betancurt1, Laureana De Brun1
(1)-Facultad de Veterinaria, Universidad de la República, Uruguay
La queratoconjuntivitis infecciosa bovina (QIB) es una enfermedad ocular altamente contagiosa del ganado vacuno, con importante impacto económico, cuyos principales agentes en Uruguay son Moraxella bovis y Moraxella bovoculi (1). Su incidencia aumenta en primavera y verano, asociada a la radiación ultravioleta y a factores de manejo que afectan la respuesta inmunitaria (2). Si bien existen vacunas comerciales, su eficacia a campo es variable y estudios previos no evidencian reducción del riesgo de infección ni mejoras productivas (3). Esta limitación se atribuye a la diversidad antigénica y capacidad de mutación de M. bovis, así como a la falta de concordancia entre cepas vacunales y circulantes (4). Por ello, el objetivo de este trabajo fue comparar la protección a campo de una autovacuna elaborada con aislamientos del establecimiento afectado frente a una vacuna comercial.
El estudio contó con la aprobación de la Comisión Honoraria de Experimentación Animal (CEUA, protocolo N.º 1921). Se utilizaron 57 terneros y terneras Hereford, criados a campo natural al pie de la madre, pertenecientes a un establecimiento con antecedentes de QIB y sin inmunización previa. Los animales se distribuyeron en tres grupos: vacuna comercial (VC; n=19), que contenía M. bovis inactivada (serotipos C, D y E), M. bovoculi y Moraxella ovis; autovacuna (AV; n=19), elaborada a partir de aislamientos de M. bovis del establecimiento, inactivados y formulados con adyuvante oleoso por un laboratorio comercial; y un grupo control sin vacunar (CL; n=19). La inmunización se realizó en diciembre a los tres meses de edad (D0) con revacunación a los 30 días (D30). Se efectuaron evaluaciones clínicas en los días 0, 30, 60, 106 y 147, registrándose al inicio el grado de pigmentación ocular. Durante cada muestreo se realizó un examen oftalmológico bilateral, utilizando un score clínico de 1 a 4 según severidad y pronóstico, donde los grados 1 a 3 se establecen según la gravedad de la lesión y el 4 corresponde a la cicatrización (5). En los animales con lesiones se realizaron hisopados conjuntivales para aislamiento e identificación bacteriana en agar sangre ovina al 4%. Los datos fueron analizados mediante estadística descriptiva y prueba de Chi2.
Se analizó la frecuencia y severidad de lesiones clínicas por grupo en los distintos muestreos. Al D30, se observaron pocos animales afectados: 2/19 en el grupo VC (1 grado 1, 1 grado 2), 1/19 en AV (grado 1) y 1/19 en CL (grado 1). Al D60, se registró un aumento de casos en todos los grupos: 4/19 en VC (3 grado 2, 1 grado 4), 5/19 en AV (4 grado 2, 1 grado 1) y 6/19 en CL (1 grado 3, 2 grado 2, 3 grado 1). La mayor frecuencia de casos se observó al D106: 7/19 en VC (2 grado 4, 2 grado 2, 3 grado 1), 8/19 en AV (2 grado 4, 6 grado 1) y 8/19 en CL (2 grado 4, 2 grado 2, 4 grado 1). Hacia el final del ensayo (D147), la frecuencia de lesiones disminuyó en todos los grupos: 3/19 en VC (1 grado 4, 2 grado 1), 2/19 en AV (grado 1) y 1/19 en CL (grado 1).
A lo largo del ensayo, todos los grupos presentaron signos clínicos de QIB con variabilidad en la severidad de las lesiones, sin observarse diferencias significativas entre tratamientos en el número total de animales afectados ni en la distribución de los grados clínicos. No se detectaron diferencias entre la autovacuna y la vacuna comercial, lo que sugiere la necesidad de considerar el uso de nuevos aislamientos para la elaboración de vacunas. El análisis microbiológico de hisopados subconjuntivales permitió aislar colonias compatibles con Moraxella spp., confirmando la presencia del agente en el rodeo. En relación con la pigmentación ocular, los animales con pigmentación completa presentaron una menor proporción de lesiones clínicas en comparación con aquellos con pigmentación parcial o ausente, lo que sugiere una menor susceptibilidad a la enfermedad en animales con mayor pigmentación ocular.
En conclusión, no se observaron diferencias en la incidencia de QIB entre los animales vacunados y el grupo control, ni entre aquellos inmunizados con autovacuna o vacuna comercial.
1-Sosa et al., (2015). DOI:10.3855/jidc.6222
2-Arnold, M. (2012). University of Kentucky Cooperative Extension Service, ID-135
3-O’Connor et al., (2019). DOI:10.1111/jvim.15633
4-Lepper et al., (1992). DOI:10.1016/0378-1135(92)90104-2
5-Cardozo, E. (2007). 5° Jornadas Técnicas Veterinarias, Montevideo, Uruguay, p 56